“En 1898 un autor poco conocido, llamado Morgan Robertson, tramó una novela sobre un transatlántico fabuloso, mucho mayor que cualquiera construido hasta entonces. Robertson cargó su barco de gente rica y despreocupada y lo hizo perderse en una fría noche de abril, tras chocar contra un iceberg. Esto demostraba en cierta manera la futilidad de todas las cosas y, en efecto, el libro se tituló Futilidad […]
Catorce años más tarde, una compañía naviera británica, llamada White Star Line construyó un vapor muy parecido al de la novela de Robertson […]
Robertson llamó Titán a su barco; la White Star Line llamó al suyo Titanic. He aquí la historia de su última noche.”
Así comienza la introducción del libro A night to remember (conocido en español como La última noche del Titanic (1955) de Walter Lord (Baltimore, 1917- Manhattan 2002).
Una extensa investigación
Autor de numerosas obras de contenido histórico que tuvieron gran difusión, fue al concluir un extenso libro sobre la Guerra Civil Norteamericana que Walter Lord decidió abordar la investigación del naufragio del Titanic, que se hundió en su primer viaje a las hora 2:40 del 15 de abril de 1912. Había zarpado de Southampton el 10 de abril, recogido pasajeros en Cherburg y partido de Queenstown el 11 de abril.
Walter Lord se preguntó por dónde comenzar y optó, como primera medida, por consultar los archivos de la Biblioteca de Princeton, con los diarios de la época y más tarde las audiencias de la investigación acerca del naufragio. Luego empezó a tratar de establecer contacto con los sobrevivientes pero ¿cómo hacerlo sin una asociación que los nucleara?
Fue entonces que comenzó a enviar cartas a los periódicos de las ciudades de donde la mayor parte de los sobrevivientes provenían: Chicago, Filadelfia, Belfast, apelando a la buena voluntad de los editores de los diarios de esas ciudades para publicar sus solicitudes en la sección de cartas a los lectores. Gastó, dice, una fortuna en estampillas pero el trabajo dio sus frutos: pudo hacer contacto con 64 sobrevivientes de la catástrofe y recabar con todo detalle sus valiosos testimonios, que volcó en su libro y que aparecen como líneas de los personajes de la película del mismo título (cuyo guión se basa precisamente en el libro), tres años más tarde.
Fue mientras caminaba por la calle 38 de la ciudad de Nueva York que, de pronto, surgió en su mente el título de un libro que, una vez publicado, habría de superar sus mayores expectativas y que fue traducido a muchas lenguas y alcanzado una difusión masiva.
Es realmente envidiable el destino de esos escritores que pudieron dedicarse a las investigaciones que les interesaban, lograr reconocimiento y vivir de eso.

El fin de una era
William Mcquitty (Belfast, 1905-Londres, 2004) fue un escritor, fotógrafo, documentalista, cineasta y productor cinematográfico.
Cuenta que su primer contacto con el Titanic fue cuando, siendo muy niño, vio varias yuntas de caballos tirando de un carro que llevaba el enorme ancla del Titanic y el ver los avances de la construcción del buque en una especie de gran jaula de metal, que en la parte inferior tenía un enorme riel sobre el cual se apoyaba la estructura del navío, que iba creciendo día a día.
El 31 de mayo de 1911 el riel permitió el deslizamiento del casco para la botadura de la enorme nave, en lo que fue una gran acontecimiento.
Sin embargo, aquel buque naufragaría a los pocos días de iniciado su primer viaje, en una de las tragedias más famosas. “En Belfast todos conocíamos a alguien que había muerto en el naufragio”, señaló Mcquitty, “un amigo, un compañero, un familiar”.
En 1924 Mcquitty dejó Belfast para conocer el mundo y en sus extensos recorridos de explorador y documentalista hizo numerosas películas de difusión, tan de boga entonces. Codiciable experiencia de un hombre de mundo descubriendo paisajes remotos, formas de vida desconocidas y siendo capaz de documentarlas. Si algo parece propio de él –además de su finura de caballero- es precisamente la sensibilidad, la decisión y el espíritu por llevar sus proyectos adelante.
Fue al enfermarse su madre que decidió regresar a Inglaterra para asistirla, ya en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, convirtiéndose en uno de los cineastas que testimonió aquella época en la cual Inglaterra quedó sola ante el poderío de la despiadada maquinaria de guerra nazi.
Cuando fue publicado el libro de Walter Lord inmediatamente pensó en hacer un filme ajustado a la verdad histórica, que rescatara además la significación de la tragedia. Éste último fue el punto que más le interesó.
El trabajo del productor, dijo, es poder encontrar el mejor guionista (Eric Ambler), el mejor director (Roy Baker), el mejor cameraman (Jeoffrey Answorth) y el mejor director de arte (Alex Vetchinsky), para agregar que en todas esas opciones no pudo haber obtenido un mejor resultado.
Cuando presentó su proyecto a la organización Rank no hubo un gran interés en llevarlo adelante. Se le dijo que solo se trataba de un naufragio más y que el reparto carecía de estrellas de cine.
“No se trata de un naufragio más, sino del fin de una era”, argumento. Una era de arrogancia, de privilegios de clase dados por el dinero y la jerarquía social, que había sido aquello por lo cual la supervivencia o no de las personas se había producido.
Eso era lo que quería reflejar en su filme.
En el naufragio del Titanic las listas de sobrevivientes aparecen separadas por clases –afirma- pero en la enumeración de la victimas de guerra los nombres de los muertos son enumerados por orden alfabético: esa es la gran diferencia y lo dice todo.
Un final inevitable
La idea predominante es que el Titanic chocó con un iceberg a la deriva, sin embargo, apenas reparamos someramente en los principales acontecimientos de la navegación (Walter Lord, La última noche del Titanic, Editorial de Ediciones Selectas. Buenos Aires, 1958, pág.136) asimismo prolijamente enumerados en el filme nos damos cuenta de que era inevitable que un gran buque, navegando a la elevada velocidad de 22,5 nudos en plena noche, en un mar infestado de icebergs no hubiera chocado con uno, máxime luego de haber ignorado múltiples advertencias de hielos flotantes, una de ellas precisamente fue la de la localización del iceberg contra el cual chocó.
Las advertencias fueron cursadas a las 9 de la mañana; 1:42 de la tarde; 1:45; 7:00; 7:30; 9:00; 9:30; 9:40; 10:00; 11:40 (referida al Iceberg contra el cual chocó).
En un fotograma de la película se advierte al Californian detenido a solo diez millas del lugar donde se produjo el naufragio del Titanic, rodeado de icebergs. Phillips, el radiotelegrafista del Titanic, sobrepasado por los mensajes que enviaban los pasajeros, respondió de mala manera a Evans, el telegrafista de Californian a las advertencias.
Se pensaba que el buque, construido con un sistema de compartimientos estancos, era insumergible. Los 16 botes salvavidas eran suficientes solo para embarcar a 1.178 pasajeros de los 2.205 que el barco llevaba. La normativa entonces vigente disponía que el número de botes que los barcos británicos de más de diez mil toneladas debían llevar era de 16, con una capacidad de 5.500 pies cúbicos y, además suficiente cantidad de balsas que representara el 75 por ciento de la capacidad de los botes (Walter Lord, 1958, 116).
Las circunstancias del naufragio son muy conocidas: el embarque en los buques salvavidas se hizo estrictamente por clase social, siendo embarcados casi únicamente niños y mujeres. Hubo grandes injusticias en torno a esto, por ejemplo, el bote ocupó Sir Cosmo Duff Gordon, fue bajado nada más que con doce personas en lugar de las 40 que podía llevar, número que podía elevarse hasta 65. Asimismo, a los pasajeros de tercera clase –los hombres eran alojados en la proa y las mujeres en la popa- se les impidió subir a las cubiertas de botes y la mayoría pudo llegar –muchos por sus propios recursos- cuando ya los botes salvavidas se habían alejado del barco.
Mientras que desde el Californian – a escasas 10 millas- era posible ver al Titanic detenido en un extraño ángulo –con la proa cada vez más sumergida- y ver los cohetes que eran lanzados cada cinco minutos, el Carpathia, a 58 millas, navegaba a toda máquina hacia la posición del Titanic, mientras el radiotelegrafista Evans, del Californian, dormía.
La del Titanic fue una tragedia que se produjo por la temeridad, falta de previsión e impericia así como la estricta segregación por clase social y no un simple hecho fortuito.

El desafío de una realización inusual
A Night to Remember fue la realización más compleja y costosa que la Organización Rank había hecho hasta entonces.
Es por demás interesante el ingenio de Mcquitty para concebirla: El set –construido en el norte de Inglaterra- en el cual gran parte de la acción transcurre representa –interna y externamente- a la sección central del barco, con cinco buques salvavidas. Fue construido sobre una base de concreto, donde fueron ubicados mecanismos hidráulicos para darle al set inclinación que correspondía al progresivo hundimiento de la proa del buque y el declive consiguiente: los grados de la inclinación estaban minuciosamente indicados en el guión, porque el orden de las tomas no correspondía a la misma secuencia temporal que los hechos.
Tanto los ambientes –camarotes, el gran salón y el salón de tercera clase- como el vestuario, fueron construidos siguiendo minuciosamente los modelos y diseños reales.
La producción construyó un modelo a escala del barco, que podía ser separado en secciones, lo cual permitió filmar la escena del hundimiento de la proa, captada por una cámara situada inmediatamente detrás de la sección de la proa del modelo.
Durante el rodaje tanto los supervivientes, como el cuarto oficial Boxhall, del Titanic así como el Capitan Grattagge, que había prestado servicios en el Queen Mary y en el Queen Elizabeth, brindaron su asesoramiento.
Otro de los problemas fue el de hacer las tomas en las cuales los buques salvavidas bajan al agua y las de las personas arrojándose a un mar que en la situación real, tenía una temperatura de 30 grados bajo cero. En una rada donde había buques fuera de servicio, Mcquitty alquiló por diez días uno perteneciente a la Shaw Saville Line para acondicionarlo y filmar muchas escenas, que muestran una continuidad perfecta con las filmadas en el set del norte de Inglaterra.
En cuando a las secuencias correspondientes a los momentos posteriores al hundimiento, cuando Keneth More –que encarna al Segundo Oficial Lightoller- hace equilibrio en un bote dado vuelta, al que llegan distintos náufragos, fueron filmadas de noche en las playas de Bristol Lido, cerca de Londres en pleno invierno y las imágenes de detrás de la escena muestran a Mcquitty arrojándoles baldes de agua a los actores en el curso de la filmación –que tuvo lugar entre noviembre y febrero-. La producción contaba con una sala de calor, para que los actores pudieran recuperarse de semejante exposición al frío y el agua helada.
Las escenas de la sala de máquinas fueron rodadas en Cricklewood pumping Station, de Londres.
Con ambientes que recrean exactamente los del buque, un minucioso manejo de la edición y la recreación de los verdaderos diálogos y situaciones que tuvieron lugar durante aquella tragedia, la película es un verdadero documental ficcionalizado.
Renglón aparte merecen los demás aspectos de la realización que como espectadores nos pone en el Titanic durante la fatídica noche en la cual la temeridad con la que fue gobernado condujo a su hundimiento.
Un gran propósito
Al momento de la filmación del filme había 85 sobrevivientes, unos 70 estuvieron en la premiere.
A mismo tiempo que la realidad de que quienes se salvaban eran los más ricos, que la riqueza era una marca de superioridad, hubo muestras de la serena aceptación de la fatalidad, una calma ante lo inevitable.
“Demasiado tarde es la palabra más triste en cualquier lengua”, señala Mcquitty, quien se valió de los recursos técnicos más avanzados de la época para representar –de la manera más exacta posible- una gran tragedia pero desde el punto de vista humano, de la desigualad y del azar que hace que unas vidas puedan salvarse y otras no.
Eduardo Balestena.
23/24.03.2025
Trailer Oficial de A Night to remember, 1958.